sábado, 11 de diciembre de 2010

¡Pu!

Por fín llegamos a nuestra habitación. En un solo día he visto demasiadas caras y escuchado demasiados nombres, y a este ritmo voy a acabar llamando a Phoenix por el nombre de Dante. No sé si me odiaría por ello.
Y aquí estamos, jugando y bromeando sobre la cama, bueno, a los pies de la cama. Parecemos un rollito de carne y mantas.
Empezamos a pelearnos con las almohadas, ¿y qué pasa?, lógicamente nos caemos al suelo y nos quedamos atrapados entre las mantas. Al subir a la cama, y montar una buena con las mantas, acabamos cara a cara, y...

-¡Pu!-Digo mientras toco mi nariz contra la suya.

¿¿Pu?? ¿¿Cómo qué Pu?? ¡Pero Crhystalle, mira que cara se le ha quedado! ¡Deja de hacer el ridículo por una vez!
Lo que no entiendo es por qué hago el ridículo, si solo hago lo de siempre, ¿no? Entonces... ¿Por qué me parecen tan... suaves y tiernos sus labios? No lo entiendo, es el mismo de siempre, el mismo pamplinas de siempre. Pero es mi pamplinas.

-Buenas noches.-Le oigo decir.

-Buenas noches.-Le contesto.

Trás ello cierro los ojos, mientras susurramos algunas cosas antes de caer dormidos tan cerca y a la vez, tan lejos.

3 comentarios:

  1. Pues la próxima vez no hay ¡Pu!s que valgan :P

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  2. Sueña cosas bonitas,mi niña - Phoenix - Yo velaré tus sueños...

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