martes, 8 de diciembre de 2009

Tiempo en la Luna

El camino se hizo largo, con algunas distracciones en él, pero iba bien acompañada. Al llegar, casi podíamos tocar las luces. Miles de colores, de formas, de ilusiones que te hacen de nuevo vivir.
La multitud nos tragaba y se nos echaba encima. Casi no se podía disfrutar de todas las maravillas de ese lugar. Pero aún asi, nuestras risas seguían aflorando, nuestro camino seguía siendo el mismo. Íbamos a contracorriente de todo el mundo.

Y en un momento en que parecía que la multitud iba a arrastrarme con ella y a separarme del resto, tu mano apareció de la nada y sujetó la mia. No iba a soltarla, ni jamás lo haré. Busco tu mano, y tú me la ofreces, dándome confianza y seguridad.

La tarde se convirtió en noche, y gracias a ti, pude tocar la Luna, tenerla entre mis manos. La Luna cuelga en mi cuello los segundos que transcurren a tu lado. Porque quiero demostrarte en cada beso, en cada caricia, en cada abrazo, en cada segundo que marca la Luna, lo que las simples palabras no pueden reflejar.

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