lunes, 26 de octubre de 2009

Tiempo en mis manos

El antiguo reloj de pared seguía marcando el paso de los segundos. También lo hacía mi reloj de pulsera, un pequeño reloj colgante que estaba sobre la mesita y aquel dichoso reloj digital que nunca me gustó. Cada uno marca lo mismo, el paso del tiempo. Y es que el tiempo es algo que pasa costantemente, algo muy preciado del que me gustaría disfrutar a cada segundo del sonar de sus agujas. Por eso, amor mío, solo deseo que el tiempo se detenga algún día y que emprendamos el camino en busca de nuestra Isla flotante eternamente.

Poder vivir toda la vida saboreando tus labios, no estar en otra parte que no sea entre tus brazos y sentir a cada instante tu respiración en mi piel. Poder detener el tiempo a mi antojo, y volverlo a llevar a su curso en algún momento. Porque el tiempo sigue pasando, a la vez que mis dedos se posan en las teclas para continuar escribiendo, cuando en realidad lo que más deseo es que mi tiempo esté siempre enlazado al tuyo.

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